Editorial

El diario con formato de portal digital “El Firmatense” nace a principios del año 2015, y reúne a un equipo de diez personas, entre periodistas, comunicadores, profesionales, estudiantes, docentes, diseñadores gráficos y politólogos. En los años 90, lejos del universo digital, “El Firmatense” fue un diario editado por Silvia Carafa. Esta resurrección en el mundo digital supone el mismo compromiso periodístico y social con la comunidad. Porque creemos en profundidad que la realidad se objetiviza sólo cuando hay varias voces relatándola, diferentes actores de diferentes lugares. Por eso creemos que es de vital importancia para nuestra cultura la producción de contenidos que aporten a la pluralidad de voces y a un mayor cumplimiento de los derechos a la información y a la libertad de expresión.

Vemos, con muchísima seriedad, la responsabilidad de brindar “formación” además de información, y si de ésta última se trata, habrá que tener mucho cuidado en no caer en la difusión del horror solamente, como nos tienen acostumbrados los medios centrales, sino también, hacer la difusión de noticias que fortalezcan la esperanza y estimulen aquellas inquietudes que aún permanecen latentes por no haberse podido encontrar el camino adecuado para desarrollarlas. Es imprescindible difundir las buenas acciones, obras, y todo aquello que realiza el ser humano para construir una sociedad mejor.

Suele decirse que “la mala noticia vende”, este slogan oculta la real intención, que es la de dominar a los pueblos adormeciéndolos. Pues quien se halle en una mala situación, al ver personas que están en peores condiciones, suelen pensar que si bien ellos están mal, frente a las tremendas calamidades que se les presentan, no tienen derecho a quejarse. Anulándose de este modo uno de los derechos más sagrados que tiene el ser humano: peticionar y actuar para tener una vida digna.

Las nuevas formas de dominación de los pueblos han impuesto esta modalidad nacida en los más altos y grandes centros de poder económico y político. Un pueblo adormecido, no reclama.
Los niños, adolescentes y jóvenes, más que nadie, y también la población en general necesitan recibir contenidos que los haga crecer espiritualmente y formarlos como personas con valores y criterio. Es por eso que naturalmente nos planteamos siempre en si nos convertimos solamente en meros espectadores de lo que ocurre en nuestra sociedad, o por el contrario, si nos convertimos en protagonistas. Optamos por lo segundo.


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