La participación juvenil en consonancia con el clima de época

"La pregunta sobre por qué los jóvenes se incorporaron a la vida política suele tener respuestas más o menos entusiastas de acuerdo al caso, pero se tiende a poner el foco del análisis en las características propias del colectivo joven."

Durante la década pasada, la crisis institucional y política que encontró su máxima expresión en los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre de 2001 fue dejando paso a un proceso de recuperación de la confianza en las instituciones públicas, los partidos políticos y la política en general. Tal vez por su visibilidad en las redes sociales y manifestaciones públicas, “la juventud” fue señalada como un actor protagónico de este proceso, presentándose ante la opinión pública, no pocas veces, como un hecho excepcional. La pregunta sobre por qué los jóvenes se incorporaron a la vida política suele tener respuestas más o menos entusiastas de acuerdo al caso, pero se tiende a poner el foco del análisis en las características propias del colectivo joven. Sin embargo, podría pensarse que la reciente incorporación a la participación en política de personas menores de 30 o 35 años (solo por marcar un límite) tiene hoy algunas particularidades, pero que no es un fenómeno propio de estos tiempos.

La juventud como categoría sociocultural implica una ruptura con los valores y formas de interpretar el mundo de las generaciones anteriores. En ese sentido, lo joven o la cultura juvenil surge en las sociedades occidentales algunos años después de la segunda guerra mundial. Fueron las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas propias de la sociedad moderna durante la segunda mitad del siglo pasado las que operaron estableciendo un corte entre una generación y la siguiente. Personas de corta edad hubo a lo largo de toda la historia, pero la juventud como categoría sociocultural es algo mucho más reciente.

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Al escuchar la forma en que hoy se habla de los jóvenes y la política, si uno está desprevenido, queda con la sensación de que la juventud descubrió la participación política hace apenas unos años. Sin embargo, haciendo un repaso rápido por la historia argentina, se encuentran ejemplos de sobra de cómo la juventud estuvo implicada en la vida pública del país. Por mencionar algunos casos: la reforma universitaria en el año 1918; la participación estudiantil y de jóvenes obreros en estallidos sociales como el Cordobazo y el rosariazo; agrupaciones políticas surgidas a fines de los 60 y en los 70 como Montoneros, la Junta Coordinadora Nacional dentro de la UCR (algunos de estos últimos con importante participación durante el gobierno de Alfonsín); la afiliación masiva a partidos políticos con el retorno de la democracia en 1983 (aunque no solo de jóvenes); agrupaciones de política universitaria, centros de estudiantes de escuelas secundarias; la agrupación HIJOS y militantes barriales en los 90.

De todos modos, cada tiempo imprime características propias a las formas de organización social y las experiencias individuales. Por esta razón, en la participación política juvenil durante el kirchnerismo, sin intención de exhaustividad, se podrían marcar algunos puntos que ayudarían a caracterizar el fenómeno:

1. La participación joven acata las reglas de las instituciones de gobierno y de los espacios políticos donde se inscribe. Desde el retorno de la democracia en la década del 80, el acceso a los espacios de poder se juega en el marco de elecciones. Del mismo modo, las necesidades o iniciativas que surgen del trabajo territorial se canalizan hacia el Estado por medio de organizaciones o personas vinculadas a la política partidaria.

2. La juventud se instaló como un valor en la política. La presencia de un colectivo joven dentro de los partidos o alianzas se presenta ante la opinión pública como un atributo positivo del espacio. De ese modo, no es poco frecuente escuchar a los principales referentes políticos, tanto oficialistas como opositores, jactarse de la importante participación de jóvenes con la que cuenta su espacio.

3. En relación con el punto anterior, no parece existir una ruptura generacional fuerte con los referentes maduros; antes, todo lo contrario. Además, los jóvenes no parecen haber construido una agenda política propia, sino que acompañan las iniciativas de sus espacios políticos. Hoy la ruptura no es tanto entre los jóvenes y la generación anterior, sino entre formas de entender la política.

4. A diferencia de lo que ocurría en la década del 90, existe un reconocimiento de líderes por parte de los jóvenes. Cualquiera sea el espacio político del que se trate, los militantes juveniles reconocen atributos positivos y capacidad de conducción en sus referentes.

5. La categoría juventud es bastante laxa y opera borrando diferencias de origen social, cultural o geográfico. Es decir, dentro de la juventud existen y operan todas las diferencias sociales y de clase que afectan a la sociedad en general. No es igual la experiencia y gravitación política que tienen los jóvenes de clase media de grandes centros urbanos en comparación con los de sectores humildes, de la periferia de las grandes ciudades o espacios geográficos alejados de la capital y de las capitales provinciales.

6. La participación política joven muestra rituales propios de otros ámbitos de la cultura juvenil: los cantos, las banderas, las remeras, etc. fueron trasladados desde los recitales y las canchas de fútbol hacia la política.

7. Las agrupaciones juveniles funcionan como canales que promueven a sus referentes a espacios de gobierno o de la gestión estatal. Operan como un canal de acceso; ya que, de acuerdo a su capacidad de movilización, se abren “cuotas” en listas a legisladores o cargos en el sector público que los jóvenes ocupan tal como lo hacen sindicatos, grupos empresarios u otras fuerzas inscriptas dentro de un espacio político.

8. La politización de los jóvenes (y de toda la sociedad) no se agota en los espacios de participación organizados. Parece existir una “micromilitancia individual” muy activa, es decir personas con ideas políticas que discuten de política a diario, pero no participan regularmente de ningún espacio.

9. La mayor visibilidad de los jóvenes kirchneristas se corresponde con el mayor peso específico de esta fuerza en la arena política nacional.

En síntesis, la participación política juvenil no es un fenómeno propio de estos tiempos, pero tampoco esto significa que no haya nada nuevo. Si los jóvenes hoy muestran mayor predisposición a la participación es porque las representaciones asociadas a la política como la causante de los males que atraviesa el país fue perdiendo peso y dando paso a una idea de la política como herramienta que puede aportar soluciones. Naturalmente esta imagen no es compartida por la totalidad de los miembros de la sociedad, pero sí se ha incrementado el número de personas que piensan que hacer política tiene sentido. De este modo, hoy los jóvenes participan más en política porque la sociedad en general también lo hace.

Sociólogo Mauricio Moltó

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